Ommmm
Querido diario:
Ya estoy en la Semana 37 del embarazo (para los novatos, se sale de cuentas en la Semana 40). Los moñas que escriben para el programa gente de La 1 dicen que el embarazo es "la dulce espera". Y una mierda. Yo estoy toda revolucionada. Mataría. Lo juro. Quiero que hagan unas nueva versión de REC, donde en lugar de zombies haya embarazadas en avanzado estado de gestación con muy mala leche y comiéndose cabezas de machos ibéricos. Yo me siento así, desde luego.
Tengo la necesidad imperiosa de limpiar. Es absurdo, lo sé, pero esta semana le he metido estropajo a la campana extractora, la nevera, los cristales de la cocina y el salón (ah, que no era niebla...) y le estoy mirando con ojos tiernos a los armarios.
Desde el domingo siento contracciones dolorosas. De cojones. En serio. Noto como algo se desplaza por entre mis caderas y lucha por encajarse. Mi barriga ha bajado y guau, me he visto las costillas después de nosecuantos meses. A veces duele tanto que me sube el dolor hasta la mmitad de la espalda y baja hasta las rodillas. Vamos a ver, no es un dolor superinsoportable, eso está claro, pero es como tener la regla a lo bestia. Pues así estoy desde el domingo. Me quedo baldada en el sofá jugando al solitario y viendo Madre adolescente en la MTV.
Hasta se me ha quitado el hambre, con eso lo digo todo.
Pero lo más divertido es que tengo una mala hostia legendaria. Zagloso, el pobrecico, se parte de risa. Pero mataría. Mataría al presidente de la comunidad, que dice que si quiero arreglar el portero tendríamos que ponernos todos de acuerdo para cambiar los interfonos. Y yo le digo: "pero es que la gente sube a mi casa haciendo llamadas perdidas o llamando al vecino y ya estoy harta. Y encima nos lo tomamos con tanta tranquilidad que cambiar el tejado ya nos supuso un año. ¡No puedo esperar otro año al portero!"
O el gilipollas del Mercadona, que hago la compra preparto (viene a ser lo mismo que preparar la despensa ante un apocalipsis inminente, es decir, latas de atún, leche y litros y litros de agua) y es incapaz de dármela a la hora.
-Ay, es que la estuve llamando pero tenía el teléfono apagado. La he llamado dos veces.
-Imposible, llevo desde las nueve pegada al móvil y no ha sonado.
-Si, mire, aquí está el teléfono bien puesto- y me enseña la factura.
-Vale, ¿y cual has marcado?
Lo mira y dice:
-Ay, es verdad... Bueno, también es verdad que me equivoqué de portal. Pensaba que era el número 113 en lugar del 13.
-Claro, por eso llevo esperándote dos horas y yo tengo cosas que hacer y me has pillado saliendo por la puerta porque tengo vida, ¿sabes?
El gilipollas sonrie con cara de ameba y yo pienso que estoy sin curro pero que sería capaz de hacer su puto trabajo con los ojos cerrados.
El mecánico, ese ser. Le entrego mi coche para que me quite los bollos y raspones y me cambie la luna delantera.
-Serán siete días.
-Vale.
Me llama a la semana.
-Oye, no, que te lo entrego a finales de esta semana.
-Pufff.
Entre medias, tenemos que ir a urgencias porque me pongo fatal y tuvimos que coger tres taxis tres.
-Oye, que el coche no estará el viernes...
-Pues empieza a ser un problema porque necesitamos el coche.
Me lo entregó 17 días después. El coche está impecable, parece nuevo. Pero resulta que las gomas laterales se le han despegado y de paso me han desconfigurado la radio. Coño, que te lo llevé para que me lo arregles, no para que vuelva con más desastres.
-Bueno, si eso vienes y te lo arreglo.
Pero no puedo conducir porque me dan contracciones de la ostia y temo que me dé un arrechucho de camino.
Y luego está el mamón del parquet. Que lo tengo abombado, pero el muy gilipollas no viene, pese a que le estoy llamando desde hace un mes.
-Oye, que estoy a un paso del paritorio y no quiero que vengas a arreglármelo cuando el bebé esté en casa.
-Es prioridad absoluta. Esta semana vengo.
-Vale.
Han pasado dos semanas. Le llamo:
-Oye, ¿tú no tenías que venir?
-Ay, siiiii... Espera, te llamo esta tarde.
No me llamó esa tarde ni la siguiente. Le tuve que llamar yo.
-Que qué pasa contigo.
-Mira, mañana voy sin falta. A mediodía o por la tarde. No lo sé.
-¿Me lo confirmas?
-Esto... espera que hago una llamada y te lo confirmo.
Pa que va a devolverme la llamada. El tio es gilipollas y luego lloriqueamos porque hay crisis. Mamón, tú lo que eres es un incapaz. Te mereces que se te hunda la empresa y juro que cada vez que me da una contracción me acuerdo de ti y tu cabezón y tu pelo sucio y tu sonrisa estúpida que me suelta: "Uy, esto del abombamiento es normal... Y si se te han despegado los rodapies es por la condensación y la humedad de las ventanas".
-Ya, por eso se me han despegado en tooooodas las habitaciones.
Pero lo peor de todo, lo juro, es la pachorra de Zagloso. Sonríe, es feliz, está relajado... Viene a casa contento, me da un beso, le dice cosas a mi barriga, Inés me pega patadas respondiendo, y se pone a hacer la comida o la cena o limpia lo que yo no he podido hacer porque he estado entretenida sufriendo, odiando al presidente de la comunidad, al del mercadona, al mecánico, al del parquet... Como se puede odiar tanto!!!