Rica de mierda

A mis 36 años ya he descubierto mi vocación. Quiero ser rica. Pero no rica de esas normales, no, quiero ser RICA DE MIERDA. De esas que dan tanto asco por sus cuentas bancarias trufadas de ceros que ni saben que sus ahorros se han triplicado porque invirtieron en discos de vinilo y ahora son lo más en el mercado de valores.

Quiero ser tan rica de mierda que me consumiré las carnes y las lorzas de puro rica que soy y entonces pasaré de mi talla actual (que no os pienso desvelar aunque sigo llevando pantalones premamá) a una 38. No, ¡quiero una 36! Que ostias, soy rica, así que me pido ¡la 34! (¿Os he comentado alguna vez que saco 20 centímetros a la española media).

Total, que seré tan rica que me voy a quitar las dioptrías de miopía y astigmatismo y seré tan chula que después de tener la visión hasta de rayos X incluida, pues entonces me compraré una montura de gafapasta molonas pero con cristales sin graduación. Porque sí, porque por una vez podré elegir sin tener que mirar la pela.

Y me iré a Zara me compraré cada modelito que tengan expuesto. Es más, hasta les pediré a las dependientas su PUTO TRAJE, aunque me miren con suficiencia porque no quepa en él. Y qué, soy rica de cojones, así que deja de respirar, perra, y dame tu puto uniforme.

Y luego me iré a mi oficina de La Caixa y me sentaré en la mesa del subdirector y le restregaré por sus narices de aburguesado un talón con millones de euros y empezaré a recitar: ¿lo ingreso? ¿no lo ingreso? ¿lo ingreso? ¿no lo ingreso?
Pues no, te jodes. Es más, ni pienso liquidar la hipoteca. Se va a quedar ahí mi deuda colgando los próximos 35 años y tú cada mes te acojonarás por si la pago o no la pago, así mis euros cayendo en cuentagotas y tú tendrás sudores fríos. Es más, me iré cada mes a recoger los puntos de mi tarjeta y te pediré que me los cambies por básculas o baterías de cocina porque no os pienso regalar nadaaaaaa...

¿Se nota que he echado una primitiva y estoy saboreando por anticipado la victoria?
¿Se nota que nos hemos ido esta tarde a pasear a Puerto Portals, el agujero donde se refugian los millonarios de la zona?

De boda: el regreso

En anteriores capítulos: Perli se había puesto a dieta para cabe en un vestido de boda. Su dieta consistió en brécol, pienso (cereales de esos adelgazantes) y pechuga de pollo a la plancha, vamos, un asco. El día antes del viaje se probó del vestido y ¡sí! la cremallera cerraba.

Pues en eso que Perli, Zagloso y Bicho cogieron el avión hacia Sevilla el pasado miércoles y aterrizaron sin problemas. Ahí esperaba la madre de Zagloso, con ese ansia viva que tienen las abuelas que hace tiempo que no ven a sus cachorrines.

Llegamos al apartamento que habíamos alquilado para cinco días y nos quedamos satisfechos porque cumplía con toooodos los clichés que se esperan de Sevilla. Estaba en pleno barrio de Santa Cruz, el casco histórico, y el edificio era el típico patio andaluz con tiestos y su virgen de Triana a la entrada. Nuestra habitación daba a una calle estrecha y bajo nuestra ventana había... ¡lo habeis adivinado! ¡Un tablao flamenco!

Para celebrar que estábamos de boda nos fuimos de tapas con la familia de Zagloso y los novios, así que desde el miércoles por la noche dimos por iniciada la maratón gastronómica, que consistió en cantidades ingentes de salmorejo, ensaladilla, bocadillos de pringá (una sustancia pegajosa hecha de tocino, carne de ternera, morcilla, chorizo...), pescaito frito, jamón ibérico, lomo ibérico, rabo de toro, carrilleras, pluma ibérica, presa ibérica, chocos, calamares, vino de naranja, cervezas, vinos variados, helados, tartas, pestiños, bollos y pan, mucho pan.

Claro, empezamos el miércoles con el tema y cuando llegó el sábado, día de la boda, yo estaba lo que se dice rebosante de felicidad. El vestido me cerró, después de que mi suegra pusiera todo el empeño en no reventar la cremallera. Otra cosa fue cuando me senté y me salió de repente una rebaba de grasa de mi abdómen. Sí, había criado una preciosa lorza sevillana.

En cuanto a los zapatos, pues me fueron ideal. Eran de una piel tan suave que no me rozaron ni nada. Otro tema fue cuando me puse a caminar: no había huevos de desplazarse con cierta velocidad con nueve centímetros de tacón. Es más, era complicado de cojones mantenerme estable sobre los tacones mientras sujetaba a Bicho, que no paraba de moverse, patalear, pegar gritos, llorar a moco tendido y demás cosas importantes que hacen los bebés de seis meses. Menos mal que la Perli ya tiene muchas tablas nupciales y se había traido las bailarinas.

Poco más puedo contar de la boda y nuestra estancia en Sevilla. Los novios estaban muy guapos, Bicho estaba para comérsela de simpática, hubo canapeses y baile en un cortijo andaluz rodeado de olivos y ya está.

Y no os cuento nada más porque Bicho está en el parque y se ha quedado boca abajo y ahora mismo está a grito pelado y así no hay quien actualice, coñes.


De boda: los preparativos

Perli y Zagloso se van de boda con Bicho. Es nuestra primera boda como trío, chispas. Y el acontecimiento es de los magnos, que se nos casa el hermano de Zagloso con su novia de toda la vida y encima en Sevilla.

Total, que me compré unos zapatos a juego con este vestido (del que he renegado hasta hoy, que me lo he probado y me he dicho: pues no está tan mal, hija):


Que conste que yo quería ir de negro y largo, aunque lo sé, es una boda de mañana. El rosa palo me palidece aún más en un verano en el que hemos ido a la playa sólo tres veces y que suman un total de cuatro horas de exposición al sol. Así que comprendereis que mi tono de piel ahora mismo es el conocido como 'blanco nuclear'.

El vestido me lo compré el último día de rebajas, allá por el 30 de septiembre. Me negaba a comprarmelo antes porque es que ni me valía la ropa de embarazada. Y me empecé a agobiar porque no tenía vestido, que  todo el mundo me apremiaba y encima venía la colección de invierno con mayoría tono negro, con pieles y cuero. Y ya me habían advertido que negro no, caca.

Así que ahí estaba yo el último día de rebajas, probándome vestidos tipo saco y al final sólo me cerraba la cremallera este. En fin. Por lo menos me salió al 50 por ciento de descuento y aún así me costó un cojón de pato.

Pero claro, ahora venía lo bueno: ¿qué zapatos me pongo? Perli es mítica por su mirada miope que encandila a todo maromazo que se le pone a tiro (entiéndase la ironía) y sus pinreles. Delicados y grandes. Y lo único que me pegaba con mi vestido rosa palo con cebras doradas eran unos zapatos dorados. Ja. Cuando me iba a las tiendas y preguntaba por unos zapatos dorados, de tacón y del 42, se descojonaban en mi cara. Como mucho había bailarinas y negras, que ya está bien.

Hasta que me topé con karmensita.com, que no solo tiene casi 50 modelos a elegir, ¡es que te los hace en el color que tú quieras! Así que le pedí unos peazo de peep toes de 9 centímetros y dorados. Fli-pa. Y en quince días me los mandaron desde Elda, Alicante, directamente a casa (jo, parece que me han patrocinado, pero lo cierto es que me costaron 129 euros, gastos de envío incluidos). No son baratos pero para las que no podemos elegir y tenemos complejo de Imelda Marcos, nos parece maravilloso.

Ahora ando por casa con mis zapatos dorados puestos. Ya se me había olvidado como era eso de alzarse sobre unos taconazos. Y así estoy, con ropa de andar por casa y entaconada.

Son flipantes, ¿eh?
Pues no soy la única que va de esta guisa por casa. Zagloso se ha puesto también sus zapatos nuevos (negros, lisos, de piel y cordones) combinados con unas bermudas y una camiseta de la guerra de las galaxias. Sí, estamos tremendos.

¡Todo sea para que no nos hagan daño los zapatos!

P.D. Sí, conocemos la existencia de las tiritas, pero todo el mundo sabe que estrenar unos zapatos el día de una boda supone dolor de pies asegurado.

Hacerse un Penélope Cruz

Tuve a Bicho el 14 de abril y el 13 de octubre ya tenía plan: la superboda del hermano de Zagloso. TACHAAAAAN!

Es decir, seis meses menos un día desde el nacimiento de Bicho.

Yo esa fecha la tenía muy interiorizada durante el embarazo, especialmente cuando me metía entre pecho y espalda una tarrina de helado de menta con chispitas de chocolate. "Pero da igual", pensaba. "Aún queda medio año". Bueno, cinco meses. Bah, eso en dos meses está ventilado. "Es lo mismo, si todavía queda un mes".

Y yo me sentía lo mismo que Penélope Cruz tras el parto, que se mató a hacer abdominales porque justo al mes siguiente tenía que pasearse por la alfombra roja de los Óscar hecha una longaniza.

Penélope, hija, más vale que lo asumamos. Tú y yo tenemos el mismo tipo que la Pantoja: pata fina, culo escurrido y cinturaca. Y no se ha inventado aún la faja que remedie nuestros males.

Total, que ahí estaba yo, decidiendo si me ponía a dieta o no o qué. Así que hace mes y medio me voy a un gimnasio de al lado de casa y le digo al señor de la puerta:

-Mire usted, que me quiero apuntar.

-Vale.

-Es que acabo de tener una cría.

-Bueno.

-Y necesito perder 10 kilos en dos meses.

-Esto... ¡Súbete pero ya a la cinta de correr!

Y ahí he estado yo, en la cinta y en la elíptica, trotando como una imbécil mirando los 40 Principales, sudando como una perra y aprendiéndome las canciones del verano ("quiero rayos de sol, andando por la arena, cosita linda, cosita rica!!!" y luego está la de Paulina Rubio "were tu bi boys, nananana boys, nanana aicatchu, entubiboys" o algo así).

Pero resulta que hace quince días empecé a tener insomnio. Y cuando llegaba el momento de ir al gimnasio (de 7 a 9 de la mañana es el único hueco que tenía), pues estaba dormida como una bendita. Y la semana pasada resulta que Bicho y yo cogimos un trancazo de mil demonios y nos estuvimos pasando mocos la una a la otra, así que descartado lo de ir a trotar sobre la cinta.

Ahora falta una semana y media para la boda y lo poco que había tonificado se ha perdido como lágrimas en la lluvia. Y estoy pensando en que me he comprado un vestido (sí, es que era el puto último día de rebajas) que va ajustado a la cintura, a lo Betty Draper. No sólo va pegadito a mi cintura, que claro está no he recuperado, sino que encima.... ¡es rosa palooooo!

Claro, dicho esto, pensareis lo mismo que yo:

¡Pero en qué coño estabas pensando, Perli!

Si es que me tenía que haber comprado el socorrido vestido saco, en el que no se nota nada y además es tan práctico que te permite atiborrarte a canapeses sin que mueras de asfixia.
Pero no sólo he cometido la idiotez de comprarme un vestido que me queda mal y me apaga de palidez. Es que me he comprado unos zapatos de 9 centímetros de tacón. Así que voy a ir hecha una columna jónica, que como me descuide me mandan al Partenón a sujetar el friso.

Así que ahora mismo no sé qué hacer, si ponerme a pienso o comerme un bocadillo de bacon, que no veais que ganas le tengo.

P.D. De los 10 kilos que me propuse perder, no sé cuantos. La última vez que me pesé, que fue hace quince días, había perdido dos kilos nada más, pero luego se rompió la báscula. No sé si el aparato está diciéndome algo...

Lecturas maternales

Durante el embarazo fue genial porque como tenía taaanto tiempo para empollar a Bicho, pues leía un montón. Pero fue nacer la niña y pufff... Ya no sé lo que es ni leer con tranquilidad, ni cocinar, ni bloguear, ni lavarme el pelo sin dejarme suavizante sin aclarar y así, una larga lista de cosas nimias que hasta ahora le daba importancia.

Bicho tiene cinco meses y medio y en este tiempo he leido dos libros. Bueno, en realidad libro y medio. Guauuuu...

1. Allá a principios de abril Misia y Anómalo me regalaron por mi cumpleaños El mapa del tiempo, de Féliz J. Palma. En tres días me ventilé 200 páginas. Luego llegó el pequeño incidente. Esto, sí, ¿qué pasó? Ah, claro, ¡el parto! Y desde entonces atendía al tamagotchi (comer, cagar, comer, dormir, cagar, llorar, llorar, llorar, comer, llorar, cagar...). Terminé de leer el libro allá por julio. Muy fuerte. Lo mejor es que yo intentaba no perder el hilo, así que cada noche me acostaba y leía hasta dormir. Sí, me daba tiempo a una página.

2. Entonces nos fuimos de vacaciones y salió a la venta Danza de dragones, que viene a ser Juego de tronos 5, que para los puristas es más bien la quinta parte de Canción de fuego y hielo. Bien. Son como mil páginas. y empecé a finales de julio. Hoy, 30 de septiembre, lo he terminado. Aquí se han juntado varios factores:

a) Son mil páginas.
b) Mi velocidad de lectura se ha ralentizado copón y medio.
c) ¡Menuuuudo peñazo de libro!

O sea, el Martin este nos está tomando el pelo. ¿Mil páginas para dejarnos casi igual que estábamos? ¿Hola? ¿Tyrion se ha tirado 300 páginas a bordo de una balsa viendo tortugas para luego acabar corriendo de un lado a otro y tal? ¿Arya sigue haciendo el chorra por ahí, que desde el primer libro no ha hecho ná de ná? ¿Y su hermano Bran, encerrado en una cueva y punto? Al único que le da por hacer un algo es Jon Nieve, pero paso de contaros nada. Pero la lástima es que es casi la única llinea argumental que me interesa y Nieve se ha convertido en este libro en una especie de Zapatero que abre las fronteras para proteger a los pobres salvajes sin papeles del frío.

Ah, por cierto: por fin llega el puto invierno.

Ahora acabo de empezar Un marido ideal de Oscar Wilde. Lo he escogido porque parece cortito. Sí, que pasa es un motivo tan cojonudo como "es que la portada era bonita" o "tras el éxito de Cincuenta sombras de Grey". (Ahora que me acuerdo, me voy a hacer un Cerros de Úbeda: Una amiga me contaba que hace dos semanas había tres compañeras cotorreando a media tarde. Una de ellas estaba indignada: "Es que mi marido me tiene una habitación llena de estanterías con libros". Otra compañera le preguntó: "¿Y que tiene de malo?". "Pues que quedan fatal". Fin del Cerros de Úbeda).

Aprovecho para comentar que paso de leerme el porno para mamás. Paso. Es más, me da una vergüenza horrorosa ir al pediatra y encontrarme con dos tías leyéndose el libro. No sólo es un mierdilibro (hola, te hago guarreridas españolas a cambio de un bolso),  es que ¡estás reconociendo que en ese mismo momento quieres mambo!

Pues eso, que con la intención de subir mi media de lecturas de 2012, a partir de ahora sólo leeré libros cortitos, tipo Teo va al cole.
No, si yo sé que he perdido como 50 puntos de cociente intelectual. Espero que esto se recupere, porque si lo llego a saber, no me saco la carrera.

Madre Perli: el regreso

Todavía recuerdo lo que me dijeron en el departamento de Recursos Humanos cuando me entregaron la carta de despido:

-Mujer, así puedes disfrutar de la maternidad.

Cinco meses después de haberme estrenado como madre, sólo puedo decir:


JAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!!!

Vamos, no veais como disfruto. Estoy orgásmica perdida. Es que me hacen los ojos chiribitas cuando veo al fruto de mi vientre llorando a las tres de la mañana por que quiere un biberón que no le toca, por que no, Bicho, porque se supone que tienes que dormir del tirón. O cuando la pongo en el parque y está gruñendo sin parar "muuuuu! muuuu!" pero en cuanto vas a verla se parte de risa. O cuando le da por llorar porque tiene sueño. Pues duerme, hija, quien te quita ese vicio. Y no te queda más remedio que salir a la calle con Bicho berreante y se calla en cuanto toca la acera. Y te obliga a vagar por las calles de Palma durante horas y horas y, ojo, vuelve a llorar en cuanto entramos en el portal.

Buah, la maternidad.
Mira que había leido cosas, que me había informado, que había ido a clase de preparto pero esto, la cabrona de la comadrona no me lo había contado.
No me había contado lo que duelen los puntos, lo que duelen los puntos cuando se infectan, lo que joroba una mastitis que te deja cinco días en cama con 38 de fiebre. O cuando Bicho quería comer cada hora y media, lo juro, y ahí estaba yo, como un surtidor perpétuo, que me la tuve que meter en la cama y la enchufaba, tal cual, y me quedaba dormida mientras Bicho comía. Tampoco te cuentan que cuando tu hija llora sin parar y se pone de color berenjena, igual es porque tiene cólicos y tienes que joderte hasta los tres meses porque no hay remedio. Y como me decía la comadrona: "Es que los cólicos en realidad son los nervios de la madre que los transmite al bebé". ¡Cojones! Igual yo estaba como una moto porque ella no paraba de llorar. No sé. Llamadme sensible.

Y luego estaba eso que te decían madres sensatas como Quelitas: haz caso de tu instinto. Pues bien, mi instinto me decía que Bicho se quedaba con hambre. Cosas mías. Tal vez porque cuando se me acababa la leche ella lloraba, me arañaba, pataleaba como una loca y jamás jamás después de tomar el pecho se quedaba dormida. Claro, yo me iba al pediatra y le decía: que mi niña tiene hambre. Y al tío le entraba la risa floja porque Bicho estaba en el percentil 97 de altura y 75 de peso. "Pues seguimos con la lactancia materna". "Ya, pero yo quiero darle biberón". "Vale, lo que vamos a hacer es que usted siga dándole el pecho". "¿Hola? Quiero darle biberón". "Nos vemos el mes que viene y me cuenta que tal la lactancia materna".

Hasta que un día, con los cables cruzados, le metí un biberón a ver que pasaba. Y entonces Bicho empezó a engullir, a engullir, a engullir como si no hubiera un mañana y cuando terminó con el biberón se abrió de brazos como si la hubieran crucificado, cerro los ojos y sonrió. Luego me durmió dos horas. Así que mandé a tomar por saco al pediatra y a la comadrona y me comporto como una mala madre y le doy leche artificial (sí, sí, mi hija se traumará, ¡llamen ustedes a asuntos sociales!!).

Total, que llevo cinco meses que ni duermo ni me concentro ni ná porque Bicho apenas duerme durante el día y no para quieta y a ella lo que le gusta es que estés a su vera cantándole canciones y haciéndole pedorretas. Y como te separes un metro, grita como una loca. ¿El balance? Joer, pues tengo un cansancio... Y direis: pues que tontería, si está en el paro. Ya, pues Bicho es tremenda y como me dijo una comadrona en el hospital cuando me hizo una ecografía: "Es que este feto es muy vital".

Ya te digo, Rodrigo.

P.D. Ojo, que todo lo que tiene de follonera (que cuando llora, se pone a gritar como si la despellejaran), lo tiene de grande, guapa y simpática. Así que descartamos darla en adopción.
De momento.

Ay, Inés...

Mientras el Rey la liaba parda en Botsuana y los republicanos celebraban el 14 de abril a lo grande, Perli entraba a las dos de la tarde en el paritorio gritando:

-¡Quiero la epidural! ¡Quiero la epidural! ¡Y unos tranquis!

A las cinco y media ya la tenía fuera, con 3,450 gramos, 51 centímetros y unos ojos enormes que lo querían ver todo. No lloraba, lanzaba un maullido melancólico.


Mi familia dice que se parece a mí. La familia de Zagloso, que se parece al padre. Pero nada más nacer, yo ya hice el reparto genético: tiene mis ojos, nariz y cejas. Ha sacado la boca, barbilla y orejas de Zagloso. Es larguirucha, partilarga y tiene las manos y pies grandes, así que ha sacado el tipo de la menda (pobre!).

Es el puzzle más bonito del mundo.