Cese temporal de la convivencia
Esta historia empezó hace mucho timepo (calculo que unos 39 años) y aún no tiene final. Lo único que sé es que Zagloso y yo arrastramos unas ojeras de cuidado y nos hemos metido en un lío.
Ayer fui a ver a mis padres y salí con la cabeza como un bombo. Mi pedre se negaba a comer en casa: "¡Me quedo en la huerta!". Y allí que se atrincheró. Mamá de Huelga vino a casa y me dijo: "Que tu padre ha dicho que no viene a casa y que se queda en la huerta".
Y no vino a comer. Pero tampoco vino por la tarde. Yo le pregunté a Mamá de Hulega:
-¡Pero que pasa!
-No lo sé ni me importa.
Y se puso a anochecer, así que decidí ir a verle a la trinchera en la que se había escondido. Cuando llegué a la huerta, estaba cerrado a cal y canto, pero la furgoneta seguiía dentro. Empecé a dar saltitos alrededor de la barrera y a gritar: "papá, papá,papá!". Y Papá apareció saliendo de la caseta junto con un gato desconocido, blanco y negro, que se arremolinaba entre sus piernas.
-Que he dicho que no vuelvo a casa.
-Pero Papá, ¿por qué?
-Por que no aguanto a tu medre.
-¿Y qué piensas hacer?
-Dormir aquí.
-Pero Papá, si no hay camas ni sofás, ¿Cómo vas a domir entre las herramientas?
-¡Tengo una manta! Y es más, el lunes miraré para irme a vivir a un piso o a donde sea. Pero yo ya no vuelvo con tu medre. ¡Ya no la cuido más!
A mí se encogió el estómago porque veía que se hacía de noche y no quería volver a casa.
-Y ahora vete que se ha hecho de noche y tienes camino hasta tu casa.
Y me abrió la barrera y me echó de la huerta amablemente.
Llamé a mi medre:
-Que dice que no te aguanta.
Silencio.
-¿Sabes lo que te digo? Que yo tampoco. Es más: me estoy enfadando muchísimo.
Colgué y me fui a tomar algo con Misia, Srta. Bulería y Miss Chain. Luego llegó Zagloso y nos fuimos a cenar a casa. Pero yo tenía el estómago encogido y se me caía la lagrimilla. Madremía, yo, a mis 33 años, ¡hija de divorciados!
Vuelvo a llamar a mi medre a las 10 y media:
-Mamá, ¿sabes algo?
-¿Yo que voy a saber? No tiene teléfono ni móvil en la huerta, nada más que una bombilla para darse luz, una cocinilla, una manta con la que tapamos las patatas. Y Perli, hija, tu padre no está como para pasar la noche a la intemperie, que tú ya sabes que es muy delicado con los cambios de temperatura y se puede coger una pulmonía. Pobrecito... ¡pero se va a enterar!
Y así, 45 minutos al teléfono.
Cuando colgué, Zagloso estaba muerto de risa viendo Amanece que no es poco y yo intentaba sonreir pero tenía la mirada perdida.
-¿Qué te pasa Perli?
-Pues que son las 11 de la noche y que no vuelve.
Zagloso apaga la tele, se incorpora y me dice:
-¿Sabes lo que te digo? Que ahora soy yo el que se enfada y nos vamos a la huerta a buscarle.
Y nos fuimos. Y recorrimos el Paseo Marítimo, y yo estaba con tembleque y mucho frío porque me había destemplado, y una horda de chavales iban a hacer botellón. Y yo me sentí mmuuuuy mayor y muuuy cansada.
Llegamos a la huerta a la medianoche. La barrera estaba mal cerrada y pudimos forzarla. Entramos pero no había ni luz ni nadie. Caía el rocío y estaba la furgoneta de mi padre cubierta por él. Yo estaba muerta de miedo, pensando que se habría hecho daño o algo peor y más dramático. Salí con las rodillas temblando y grité flojito:
-Papaaaa...
Zagloso salió y dijo:
-Está en la furgoneta durmiendo. Llámale.
-No, que me da miedo.
-Pues voy yo.
Y se acercó a los cristales encharcados de la furgoneta y gritó:
-¡Papá de Huelga!
-ppfpfhuit queeee...
-Qué que haces ahí durmiendo.
Abrimos la puerta y ahí estaba, envuelto en la manta de las patatas y sentado dentro de la furgoneta. Se acababa de despertar y tenía los ojos asustados.
-Qué ha pasado? ¿QU´çe haceis aquí? ¿Ha pasado algo?
Zagloso, como había prometido, estaba muy enfadado. Yo estaba agarrada al brazo de mi padre, comprobando que no se hubiera enfriado:
-¿Qué si ha pasado lago? ¿Qué haces aquí en la huerta?
-Dormir.
-Pues despiértate que te vienes a nuestra casa a dormir.
Mi padre se pasa la mano por la cara y se despierta un poco más.
-No.
-Papá, yo creo que deberías venir a nuestra casa, no puedes dormir al fresco en noviembre.
-Que no, que no, que yo me voy, pero a mi casa.
Y se empezó a reir.
De entre las mantas salió un gato blanco y negro, que también se había despertado.
-¿Y esto?
-Nada, que no sé como, se me ha colado y se ha dormido conmigo. Es una gata muy bonita y cariñosa. Mírala...
Y la verdad es que era preciosa. Jovencita, de unos seis meses, muy cariñosa.
-Alguien la debe haber abandonado y me daba pena... ¿Nos tomamos un café en casa?
Llegamos a casa y mi medre estaba sentada en el sofá envuelta en una manta, esperando al marido descarriado.
-¡Miras lo que traemos!
Y trajimos a a mi pedre y a una gata.
A mi pedre lo dejamos en casa, no sé si discutiendo con mi medre los términos del cese temporal de la convivencia. Mi medre me decía antes: "Si se quiere ir, que se vaya, O me voy yo, pero ¡lo que no puede hacer es irse a dormir a la huerta por una rabieta! ¡Que paso mucha pena por él! ¿Cómo se le ocurre hacerme esto?"
A la gata nos la trajimos a casa. ¿Por qué? Porque para que vamos a hacer las cosas sencillas. A las 2 de la mañana, Akira se topó con nosotros y un minino nuevo. Akira la miró con ojos de cazadora y la preciosa y pequeñita gata perdida.... se le tiró encima, gorjenado furiosamente y muuuuy enfadada. Akira se quedó tan tranquila, como diciendo "nena, esta es mi casa y yo duermo con los dueños".
A las 2 y media, andábamos como locos consultando en Internet maneras de hacer que dos gatos convivan. Lo mejor que se nos ocurrió fue encerrar a la gata nueva en la habitación de invitados-cuerto de planchado. Esta mañana nos hemos despertado y la hemos ido a ver: se ha hecho sus cosas en nuestra colada seca y a punto de plancharse.
¿Por qué me complico tanto la vida?